La falacia del aquí y el ahora


Una gélida carretera, en especial por las noches y madrugadas del seco invierno altiplánico, me deja imágenes surrealistas en paisajes areos y de acuarela, esa misma ruta es la que transitaba una madrugada desde la ciudad de Oruro a La Paz, junto a Marco Antonio, a quien decidí acompañar a un acto de mujeres líderes, posterior al acto hubo festejo, posterior al festejo la urgencia de retornar a La Paz por que teníamos un evento  importante a las 08:00 am.
La carretera, en ese entonces  de dos carriles, tuvimos que encararla a las 03:00 am, por las tres horas que demoraba recorrerla, Marco Antonio había bebido, y por ello mis manos empuñaron el volante, logramos dormir un poco en Caracollo, pero continué la ruta, pisé el acelerador con atrevimiento y temeridad de adolescente , para que la aguja que me indica la velocidad sobrepase los 90 grados de angulación, de esta manera, en las afueras de la ciudad de El Alto, a 4100 metros sobre el nivel, un día de invierno a 3 ° C bajo cero, es que me rendí al sueño ante un obediente volante, Marco Antonio también cayó rendido, pero desperté y el despertó gritando !No! ¡No! !No! Decía el mientras nos veíamos fuera de la carretera con un poste de luz demasiado cerca, en ese momento hice un brusco movimiento de volante para salir al lado contrario de la ruta y el jeep Suzuki  Vitara 1998 de dos puertas, dió varias vueltas sobre una de las llantas, mientras eso sucedía recordé que un amigo me contó que en una experiencia similar pasó toda su vida por su cabeza en un pedazo de segundo y en ese pedazo de segundo yo estaba experimentando exactamente lo mismo, mientras el vehículo no dejaba de dar vueltas sobre el eje de una llanta, mientras pensaba en la posibilidad del vuelco y preparando mi cuerpo para  ello, aunque había al mismo tiempo una certeza y tranquilidad difícil de explicar, una seguridad de que el vuelco no sucedería, pensaba en muchos momentos de mi vida y personajes relevantes que amo, sucedían imágenes como aquella inolvidable, que averiguaciones posteriores me revelaron que era un lugar cerca se Potosí llamado mina Pailaviri, donde teníamos gallinas y vi morir uno de los pollitos,  mi madre me preguntaba "¿Cómo lo recuerdas? Si tenías algo mas de dos años", y es que a las mascotas y los afectos son difíciles de olvidar, en realidad seguramente no entendía que el corral no eran mascotas, si no alimento, pero recordé a mi perra, Petiza se llamaba, lloré por dejarla, era muy pequeño, la huida de Cicerón en mina San José cerca de Oruro, el fatal desenlace de Roqui en Corocoro, un Doberman a quien por razones humanitarias conservamos intactas y sin mutilar sus orejas y cola, y también es que no había veterinario en el pueblo, Roqui era manso pero en un paseo al rio se comió una oveja, primera vez que lo vi feliz y satisfecho, una humilde campesina toca mi puerta reclamando a mi padre por su ovejita, que costó 2000 pesos (vivíamos los inicios de una devaluación económica terrible), 2000 pesos bolivianos y la vida de Roqui, claro, primero era una oveja, luego podía ser un bebé o un niño, pensaban. Amaba a Roqui y entendí cuando me dijeron que se fue tras una perrita, también, años después fue el sacrificio del Cococho y la infección del travieso de Boni, ambos en Oruro.
Pasaron las personas, muchas personas y hechos, el nacimiento de mi hija, su rostro despierto y totalmente vivo, mi padre, quien, el día que me gradué profesional, en su pétrea facies, moreno, con la voz clara y firme que tenía, escondido en un saco de terno poco llamativo me dijo "eres profesional, qué bueno, te mereces un regalo, toma cien pesitos, es lo último que te doy” se dio vuelta, otra vez miré su saco y aquella vestimenta insignificante que decía mucho, me hablaban sus historias de pasado comunista de las cuales muy pocas me contó, por ejemplo, descubrí que fue prisionero y torturado, una vez me relató que lo subieron por la fuerza a un vehículo elegante en Managua, Nicaragua, un gringo que hablaba español sabia todo de su vida, hasta detalles privados que ni el estaba enterado, "estos de la CIA saben toda tu vida" me dijo.  Emergieron las manos de mi madre, con artritis reumatoide juvenil del tipo deformante, manos llenas de tofos inflamados pero cariñosas, cuya capacidad para aplicar sabor a las comidas fueron insuperables, su afecto, su abrazo, el saludo distante de mi hermano, su mirada perdida, en ese entonces el vivía, vivían todos, y surgieron tantos episodios antes que el vehículo deje de dar vueltas, se detuvo, y no estaba muy seguro de lo que había sucedido, si en verdad habíamos tenido varios vuelcos y mi mente me estaba jugando un sistema de defensa, me mire para ver si estaba completo, el polvo levantado caía y lo hacía muy lento, ese instante fue de particular impaciencia, por que el polvo no terminaba de caer y estaba impaciente por corroborar lo que pasó, comprobar  sin lugar a dudas de que estamos vivos, es curioso por que en la lentitud también se vive la impaciencia, el polvo tapó completamente el parabrisas, el motor no se apagó, como una mala broma estaba la palanca del embriague en posición neutra,  activé los limpiadores del parabrisas y la primera velocidad,  avancé un par de metros y claro, la llanta delantera estaba deshecha, incluido el aro de magnesio, a 150 km/h era lo menos que podía pasar y eso pasó, se acercó un hombre, de esos madrugadores que andan en bicicleta por el altiplano, delgado, entusiasta, se acercó riendo, y sorprendido nos dijo que vio girar el vehículo como trompo, que giró rápida y velozmente, usando gestos y onomatopeyas reafirmando lo que nos decía. No se Marco Antonio, pero quedé extrañado, por que sentí girar el vehículo de manera lenta e interminable, mientras miraba mi vida completa con episodios relevantes y detalles ingenuos.
Desde aquel momento entendí que el presente cuando sucede es lento, muy lento y posteriormente pude comparar esta experiencia con la Iluminación y es bastante parecida, digamos que menos emocional y mas certera, en la Iluminación todo sucede al mismo tiempo, las mascotas y familiares son parte de un todo, tu vida no va a acabar en ese momento, en realidad nunca va a terminar, después de una iluminación la muerte es insignificante, temerle a la muerte es como temerle al sueño al final del día.
El  presente, la mayor parte del tiempo no existe, por que la línea del tiempo avanza y para la masa humana, nunca se detiene, lo único real es un "continuum" que de manera conceptual incluye muchas cosas, y entre esas anula el presente, un aquí y ahora confuso, a veces inútil e innecesario, donde insistir en el valor de este instante se convierte en un discurso vacío y ausente de fundamento, por eso discrepo en partes con quienes insisten en un aquí y un ahora absoluto, por que el ahora carece de poder, es tal vez una vivencia efímera que pretendemos retener con escasa o nula suerte.
El presente es real cuando sucede la Iluminación, y a pesar de ello, la vida no se detiene totalmente, solo se ralentiza lo cotidiano, por esto no deja de ser un continuum lentificado.
He visto un par de veces, muy cercana la posibilidad de esfumarme, de que mi cuerpo se deshaga y todo lo que materialmente he construido con alimento, ejercicio, dormir y sufrir, volver a dormir para después reír, otra vez comer y de nuevo doler o reír, toda la dicha y bienestar que puede significar administrar una estructura de tejidos vivos, mitad voluntad y mitad traición. Todo esto desvanecerse y acabar como pieza biológica inanimada, desecho a cremar o enterrar, una carga inútil y pasajera. Lo vi unas cuantas veces, pero aun me tengo, me miro y me poseo, mitad a voluntad y mitad a traición, si, a traición, por que sin yo pedirlo pueden activarse mis golpes del corazón, un dolor en el hipocondrio derecho, el peristaltismo de mis intestinos, y así traicionar mis horas o días de bienestar y normal convivencia.
Hay quienes aseguran que domando ese lado traicionero del cuerpo y la mente, es que la liberación es posible, por que dependemos de un personaje inestable y poco fiable que en el lenguaje cotidiano lo llamamos subconsciente, un subconsciente que alguna vez he pretendido aplastar cual San Miguel Arcángel a su demonio y he fracasado como todos, al mismo tiempo que festejaba algunos triunfos, como todos.
Con esto, he incluido una nueva palabra que la vamos asociando con la iluminación, esta palabra es liberación moksha, que es la finalidad ultima del Yoga, que se asocia a la experiencia del  Yoga Real, el Raja Yoga o Yoga sutil, supremo. La pregunta surge a la hora de interpretar la liberación como respuesta  a este proceso interminable de desarrollo que va de la mano del Yoga. ¿Liberación de que? ¿Cuál su real significado?

La libertad, es un estado de consciencia, la epifanía como constante , donde la eternidad es el protagonista substancial, y la inmortalidad su consecuencia, un estado de gracia y dicha ampliada por todo lo que hay, debido a que la verdad es que nada sucede y todo esta bien.

Ahora, la inquietud surge al pretender asociar la supremacía con la epifanía, es decir la iluminación con la liberación y son estados gemelos, hermanados cual siameses, es decir, vivir una experiencia en la que todo se lentifica y  tiene sentido, tu cuerpo es parte del movimiento de las cosas y no hay diferencia entre tu y el mundo, eres una especie de pieza, de ente que todo lo ve, todo lo siente y nada puede hacer para cambiar las cosas, por que están perfectas así como están y aquí la experiencia de liberación es la escalera final, el peldaño  que hace falta, es el convencimiento total y absoluto de la inmortalidad, eres eterno y no te habías dado cuenta.

Hace muchos años he ampliado mi concepto de eternidad, y es que me he llevado a convencer de la posibilidad de rencarnación, para luego desecharla por el de transmigración del alma, y es que conozco muchas personas que confían o “creen" en una reencarnación, te hablan de su próxima vida  o que mal o buen karma que tuvo. Según la filosofía védica se llama samsara que es la rueda de vidas y muertes, las múltiples e incontables vidas que el alma humana experimenta antes de la liberación definitiva. 

Vivir el samsara  es altamente liberador, debido a que muchos años promulgaba y hacía caso la idea vana de “solo se vive una vez", o “vive como si fuera el ultimo día de tu vida" y no, no es verdad, se vive muchas veces y el último día de mi vida no va a llegar por que soy perpetuo e inmortal por que formo parte de una fuerza inacabable que es la fuerza del movimiento, de las vidas y muertes que generan las rutas cíclicas de nuestra consciencia breve, esa que cree en la insignificancia y la mortalidad de las personas, cual águila criada entre gallinas. Formo parte, al igual que todos, de esta fuerza redundante y animada de un vasto e interminable universo. El día, la hora o segundo que te des cuenta de ello será importante, pero más importante aún será la vivencia y comprensión compleja de lo sagrado, que es la vivencia y comprensión de aquello que denominamos eternidad. 

Esa madrugada conseguimos quien nos cambie la llanta, logramos llegar a destino a tiempo y con sueño, platiqué de esto con poca gente, fui imprudente y necio, pero me quedó el aprendizaje que las vivencias extremas del existir nos deja, aprendí de la prudencia, pero sobretodo pude entender algo del presente que habitamos, de este continuum que no se si contenemos o nos contiene, pero es seguro que avanza siempre,  aportando en esta construcción de persona y sociedad en la que todos animamos con nuestras interminables lineas curvas y cerradas del tiempo, que de vez en cuando parecen detenerse, y es mejor, hacerlo a voluntad. 

Nacimiento

Toda bendición, venga de donde venga, será siempre buena, por la carga de intensiones que emana, una carga con bienestar, salud, dicha, abundante aprendizaje y la chispa de luz perpetua que va a decantar en el nacer de nuevo, por eso, desde aquel botón de vida que emerge, nos une y regocija en este lado del planeta, desde la parte bonita y pura que nos alegra y acerca, desde aquella parte te saludo y te abrazo, que te contagies mucho o un poco de lo más lindo de las personas, al igual que yo, que te abrazo con estas palabras y anhelo para ti el renacer en dicha, abundancia en todos los planos y una inequívoca renovación favorable para este año que seguro, (y hagamos fuerza en ello) va a superar al ciclo que dejamos.

                                    Gabriel Arrázola (Gabo)

Lengua y Paz Mundial




Sentir y comer se parecen tanto, que a veces cuando siento es que devoro y al devorar es que siento. Y aun estoy buscando el nervio aquel que conecte mi olfato y papilas con mi dilatación cardiaca. Como la de hoy, que mi alegría cobró forma de pastel delicado y la ansiedad fue un agresivo postre nocturno.

Por esto redacto la culpa bajo la esperanza de la expiación en cada letra y concluyo bajo la promesa incompetente del nunca más. Y es que comer es tan simple y complejo como sentir, vivir.... y sí, la comida también muere para reencarnar en el espejo, aquel regulador social de la forma, ojo de la masa humana a la que no le importas. Y sí, la neurosis fagocita la crisis en bocados con mayonesa y salsa de tomate artificiales, por que comer tiene una línea recta hacia el sentir y tantas connotaciones del caos existencial, que a veces aproximo mis labios y piezas dentarias en un gesto desesperado por cerrar mi apetito y la metamorfosis es un logro cargado de frustraciones rellenas de hidratos de carbono y monosacáridos.  



He intentado alejar la comida de los sentimientos, separar ambas cosas como la mente hace con el cuerpo o la ciencia con la religión. Y todo decanta como agua y tinta en un mismo recipiente.

La discreta interdicción mediática del alimento es uno de los pilares en los que se sostienen las ganas de mascar y el placer poco considerado de la saliva, y es que el sabor es el ladrillo, arena y cemento de todo lo que tienes, por que sentir es comer y comer es también ser. Cada quien es según el sabor que lo alimente, por eso no es lo mismo dulce mentiroso que dulce verdadero, o picante industrial que picante de piedra o ser persona, un ser humano a un muñeco automatizado de carne, entorno plástico y metálico que come, trabaja, duerme y vuelve a comer.

Por esto me detengo en mi recipiente de comida, que a veces me dice que soy verdadero y otras veces me dice que no existo, que tengo una lengua gigante y autoritaria con un cuerpo manso que la sigue, sin saber que está desplomando en un insalubre y tóxico acantilado de frustración, glicemia, dolor y desorden lipídico.

Antes la culpa la suponía a mis padres, después una sociedad metalizada y hoy es una vía gustativa y otra olfativa cuyo entrenamiento es incompleto y se dejan vencer por cuestiones absurdas como la búsqueda de afecto, la necesidad inequívoca de sentirme importante y comerme el mundo, la ansiedad de no saberlo todo mas una formación socio afectiva basada en la supremacía masculina cuya boca está dispuesta a devorarse a la madre después de cada fracaso.

Por esto entrenar mi lengua no es tarea fácil, es como domesticar mis sentimientos montaraces en un campo de pocos oficiales, es extenderme todos los días al silencio y progresar con esa agradable sensación de sentir cómo mi cuerpo va ganando flexibilidad, es hacer de mi respiración un laboratorio de experiencias auténticas y conducirme a aquel inevitable espacio paradisiaco de paz verdadera, por que en partes es cierto: la paz profunda, actual y primitiva, comienza por la lengua, y casi siempre, en un primer momento, es muscular.

                                            Gabriel Arrázola