Los pies fríos son un invento de la debilidad, no es que la debilidad sea mala, ni el frío un glacial desafiante de nuestros calurosos objetivos. No.
Me refiero al frío que es contenido por las sandalias, abarcas o huaraches que reposan en la tierra salina, al que precede a una voluptuosa pantorrilla, t'usu, moroco o chamorro. Ese que quiebra la piel del dedo gordo cuando un viento sibilante saluda la superficie de nuestro cuerpo que dialoga con la tierra.
Y es que esa debilidad es parte de la fuerza invisible que reposa en la sequedad de los pies que enfrían.
Tal vez, ahí radique mi resistencia a abrigar esa extremidad, a reemplazar un andar cálido y cómodo por uno mas frio y duradero, por que es mucho lo que ando e interminable el terreno que pretendo pisar.
Y así, mis pies se merecen el por siempre, que muchas veces es naturalmente frío o suficientemente tórrido para recordar mi fortaleza.
¿el calor? Si, a veces hay calor, arena, tierra, piedras y humedad, hay materia orgánica y sensible que solamente se transmite a pies libres como los míos, que son fríos a veces o húmedos, pero sabios siempre, por que se trata de lavar los pies con frecuencia, esto para medir la suciedad del agua después de limpiar el jabón de los espacios interdactileos, mientras mayor la sustancia oscura en la espuma, va a significar mayores logros con la tierra y este andar del que estoy hablando.
¿Por que la Iluminación requiere los pies libres?
Simple, es necesario caminar por encima de la vida y de la muerte, y con los pies debidamente abrigados y enjaulados este es un imposible.
Hace eones que fuimos unos pies proporcionalmente grandes en relación a nuestra estructura hasta nuestros actuales pies notablemente reducidos gracias a un principio de levedad y mejora sensorial constante. Y es que la evolución de nuestra especie es la revolución sensorial de nuestros pies.
Como humanidad hemos andado, hemos muerto, nos pusimos de pie y volvimos a andar para otra vez desfallecer y nuevamente caminar, correr, tropezar, morir, arrastrase, gatear, derrapar, claudicar y caminar dando vueltas la tierra muchas veces, repitiendo paisajes, dolores y alegrías una y otra vez. Esto se llama Samsara, la perpetua rueda del sufrir con alegría o al revés que es lo mismo.
Por esto la Iluminación, detenerse a mirar el mundo con los pies sucios y la frente despejada. Caminar sabiendo exactamente lo que se pisa, por encima de unas sandalias de cuero que nos recuerda la muerte que todos los días la superamos y afirmando esta seguridad que estamos encima de la muerte, y entender que correr es inútil por que volveremos a los mismos hermosos paisajes y repetiremos basurales aparentemente interminables. Seremos unidades solitarias que rebotan entre la dicha y la lúgubre depresión.
Por que en el fondo no hay tristeza ni alegría, en el fondo es la perfección, es un tic tac de ritmos que no son buenos ni malos, que construyen y destruyen. Un ritmo en el que bailamos sin darnos cuenta y nos levantamos y volvemos a morir y volvemos a bailar.
Por esto y para esto, el andar es fundamental, que el viento y la superficie sensible de los dedos coincidan, que los dedos puedan extender y flexionar a capricho y todo el aparato sensorio- perceptivo de los pies sean la vasija en la que la suprema experiencia humana sea posible.
La libertad comienza por los pies y sin libertad la Iluminación no es posible.
En el inmenso árbol hay pequeñas ramas, apuntes, para el Yoga desde la corteza hasta la médula, y así llegar a las raíces desde los vástagos, notas efímeras, de un árbol eterno.
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