FRENTE AL MAR





Meditar frente al mar es un problema, porque en la meditación soy yo el protagonista de la intensidad, pero ese espectáculo constante de aguas inacabables que juegan al rugido y a la inmensidad, esos paisajes infinitos, y la insignificante presencia  de mis ojos, entre tantas otras superioridades. Hacen, que el protagonista de la profundidad deje de habitar entre mi superficie y mis pensamientos, y sea el agua y su misteriosa vida la que vaya a competir con el acierto de sentarme en el pedregal que hace de las olas una protesta, y todo lo que exista a partir de ahí sea la fuerza indomable que no siempre miramos,  y la vida abundante, poco visible y escurridiza cuya ley  es interrumpida por el hambre del paladar y la pesca.


Hay dos cosas que se pueden mirar en el mar, una es la vida y la otra es la muerte. Quienes miran la vida a lo mejor ven riqueza o abundancia, podrán mirar plenitud y una fuente inacabable de favores. El  movimiento indiscutible que delata la existencia de la vida silente y activa.





Pero también, algunos miramos la muerte y la tragedia,  porque es inevitable ver que el mar tiene hambre, come, y quienquiera que se descuide aportará a su sabor salado y a su misterio. La fuerza  ruidosa de las olas y a veces las piedras que al ser azotadas reproducen el leve eco que incrementan las vocales que podríamos identificar en una península, acantilado o rocas inamovibles ante la furia.


Redimo la perpetuidad en la dialéctica de vida y muerte. Espectáculo constante de aguas que revoltosas o tranquilas  protagonizan el escenario de la contemplación y hacen que la meditación y la quietud como un refugio se vean interrumpidos  por la reflexión. 

Por eso, insisto que el mar es un artero de mi silencio profundo, me zambullo en sus aguas, me revuelco en su furia y reposo en su calma, bebo de su sal mientras me distraen los diálogos antagónicos que la inmensidad provoca.


Las fricciones de los tiempos

Hace años que he intentado conversar con el tiempo, ponerme de acuerdo con el y lograr conjugar mi existencia con la constante cronológica. Tarea que arde, escuece , duele y siempre inconclusa; gestión imposible.  El paso de la vida es un servidor indiscutible de la desesperación, dialogar con las manecillas o el electrónico es como recuperar lo preciado y perderlo de inmediato, llamar a la sordera por su nombre y a la ceguera por su imagen.

Por esto el presente, el refugio ideal, la aldaba que define la distancia entre la ineptitud de la cronología y las aptitudes intrínsecas en mi ser.

Confortable, divertido e irrenunciable, una vez se haya degustado al infinito no se lo puede negar, pero la aldaba que separa lo eterno de lo fugaz a veces cede y es la realidad quien emerge en veces  con gratitud y otras con necedad.

De ahí es que redimo el instante del instante, siempre, ausente en el refugio del aquí y del ahora, bajo la fantasía de la perpetuidad y en la reseña sesgada que en todo momento doblega a lo verdadero y pinta un falso policromado. Lo digo con educación pero aclarando se llama mentira. Y aclarando más adentro podremos subrayarlo como la mentira del presente.

La mentira del presente huye de la policromada acción cotidiana del tiempo y es el lecho de lo simple y lo inconcluso,  de lo creativo si, de lo bello, también. La impresión estética es a quien mira, el arte de lo fugaz.

Por esto, en el espontáneo camino de la mentira podremos abrirnos al presente. Por que sí, al revés de lo que dicen sobre la iluminación, o el más absoluto de los samadhi, que será siempre en la eternidad y en el absoluto aquí y ahora. También puedo regalarme una iluminación irreverente, un samadhi antagonista, que contemple todo, menos este instante, por que este instante reposa, otra vez en la mentira del presente.  

La iluminación antagonista también es lo irremediablemente snobista y ausente de habilidad, la inteligencia fracasada, esa que no distingue ni entiende, esa que en resumen podremos subrayarla como estupidez, habita sin duda en la verdad, en la línea del tiempo escondida en la seguridad de su reloj, jugando a la inteligencia y de vez en cuando a la perpetuidad, al presente que ni siquiera lo conoce.

Pero no se confunda, no busco la verdad, por que esta es siempre la misma y eso aburre, y tampoco la mentira, que es tan diversa y compleja que no aburre pero si cansa.  Por esto me constituyo ausente de búsquedas, por que además, la línea que separa un opuesto con el otro es invisible, no se escucha y no se siente.

Verdad y mentira son lo mismo, así como presente, pasado, futuro, antes de eso y después, que se hermanan en esta confusión que hemos creado para clasificar y etiquetar los tiempos. 

Eclipse de luna

Hace algunos varios años atrás hubo anuncio de eclipse de luna, la buena noticia es que lo vi. Los eclipses de luna son más hermosos que los de sol, un eclipse de sol es un sol tapado, si, bella su aurora, se hace de noche rápidamente y luego de unos minutos vuelve a destaparse y vuelve el día y la normalidad.. No cambia nada. Recuerdo que un eclipse de sol genera mucho más entusiasmo que uno de luna. Que las noticias le dan mayor importancia y que, es comentado por tod@s, en cambio el eclipse de luna es mucho más hermoso, aquella vez me levante muy temprano, y veía cómo poco a poco la luna iba recibiendo un nuevo visitante, como un filtro que muy lentamente se hacía sentir hasta definirla con un color rojizo difícil de describir, era invierno creo, hacia frío y el patio de mi casa en ese entonces me permitió tener una intimidad con aquel fenómeno celeste. La mire, y mantuvo un largo tiempo ese color, como si ahí hubiese estado siempre, pensaba que sería divertido un cambio de "lock" en la luna y que sería mucho más divertido que se quede así para siempre... Ese duotono o escala de grises es un poco aburrido, así se ve mejor. descanse un poco y volví a salir y ahí seguía, entera, plena en su cobre rojizo. Y vi que poco a poco con la misma lentitud el visitante se iba y no quise ver más, me fui a dormir ese día tendría clases, me pareció un insulto que haya clases ese día: !pero por favor! ?La luna se puso en cobre rojizo anoche y todo sigue igual? Debería declararse feriado nacional, ?cuantas veces sucede? Hay feriados nacionales por otras cosas menos importantes como fundaciones y aniversarios. Además es una vez cada tantos años.

Ese día en clases pregunte ? Viste la luna anoche? Y la mayoría no la miro. Otra sorpresa, y cada que hallaba a quien la vio era un encuentro, conectar la complicidad de lo indescriptiblemente hermoso. 

Este año,he recuperado mi adolescencia desde un bus panorámico en alguna parte de la carretera, donde pude admirar otra vez el cobre rojizo, ya me estaba olvidando la intimidad y el frío que tanto me gusta, la solead que llena y a la misma luna que de vez en vez y de cuando en cuando nos prepara una sorpresita.