Por esto el presente, el refugio ideal, la aldaba que define la distancia entre la ineptitud de la cronología y las aptitudes intrínsecas en mi ser.
Confortable, divertido e irrenunciable, una vez se haya degustado al infinito no se lo puede negar, pero la aldaba que separa lo eterno de lo fugaz a veces cede y es la realidad quien emerge en veces con gratitud y otras con necedad.
De ahí es que redimo el instante del instante, siempre, ausente en el refugio del aquí y del ahora, bajo la fantasía de la perpetuidad y en la reseña sesgada que en todo momento doblega a lo verdadero y pinta un falso policromado. Lo digo con educación pero aclarando se llama mentira. Y aclarando más adentro podremos subrayarlo como la mentira del presente.
La mentira del presente huye de la policromada acción cotidiana del tiempo y es el lecho de lo simple y lo inconcluso, de lo creativo si, de lo bello, también. La impresión estética es a quien mira, el arte de lo fugaz.
Por esto, en el espontáneo camino de la mentira podremos abrirnos al presente. Por que sí, al revés de lo que dicen sobre la iluminación, o el más absoluto de los samadhi, que será siempre en la eternidad y en el absoluto aquí y ahora. También puedo regalarme una iluminación irreverente, un samadhi antagonista, que contemple todo, menos este instante, por que este instante reposa, otra vez en la mentira del presente.
La iluminación antagonista también es lo irremediablemente snobista y ausente de habilidad, la inteligencia fracasada, esa que no distingue ni entiende, esa que en resumen podremos subrayarla como estupidez, habita sin duda en la verdad, en la línea del tiempo escondida en la seguridad de su reloj, jugando a la inteligencia y de vez en cuando a la perpetuidad, al presente que ni siquiera lo conoce.
Pero no se confunda, no busco la verdad, por que esta es siempre la misma y eso aburre, y tampoco la mentira, que es tan diversa y compleja que no aburre pero si cansa. Por esto me constituyo ausente de búsquedas, por que además, la línea que separa un opuesto con el otro es invisible, no se escucha y no se siente.
Verdad y mentira son lo mismo, así como presente, pasado, futuro, antes de eso y después, que se hermanan en esta confusión que hemos creado para clasificar y etiquetar los tiempos.
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