
En el inmenso árbol hay pequeñas ramas, apuntes, para el Yoga desde la corteza hasta la médula, y así llegar a las raíces desde los vástagos, notas efímeras, de un árbol eterno.
Vieja y Sabia

Dicha
Tren y vida
El sur en Chile es frío, dependiendo que tan al sur se viaje, desciende la temperatura, la paradoja del frío es que se hermana con la belleza en esta parte del planeta, es decir, mientras más al sur te muevas, más lindo. El gélido y la estética del paisaje son una pareja que se alejan para estar juntos en pastizales decorados con escala de verdes y amarillos que contrasten con el azul cristalino de una laguna inmóvil que hace espejo a altos y delgados árboles contrastados en tonos de niebla al pie de una imponente y blanqueada cordillera, con paradas en estaciones del frío y vigilantes atentos, escondidos en sus chamarras o parcas insufladas de protección mas vacío, sujetos de escaso movimiento, alzados todos iguales, a lo mejor por el telar azul que los uniforma o las horas de espera y salida, de circuitos incesantes que los duerme y despierta, repetidos en cada estación los escasos empleados visibles del tren levantan todos la cabeza por igual, su oficio contemplativo hace que los contemple, los mire en cada parada casi inmóviles, con los pasos necesarios para cumplir su tarea que es la presencia de un representante de esta maquinaria que me duerme para devolverme en paz al aire, a la estación que es mi destino, donde en realidad el sur comienza.
Las vueltas de rueda aún hoy, imitan un palpito cardiaco sibilante, como aquellos corazones incompletos al estetoscopio, por esto un tren es un corazón con insuficiencia que corre a veces rápido y otras lento, que respira con estertores y preocupa su permanencia, porque van a desaparecer, el metal duro, la riel y el silbido. Y vendrán otros trenes, enfermos también pero diferentes, con la velocidad prioritaria en su sonido mutilado, imagino, es posible que sea diferente, no sé del futuro, pero puedo oler lo que viene, un mundo con otros trenes, y un mundo sin saber cómo suena un sistema cardiorespiratorio incompleto. No sé si sea bueno o malo, las cosas son y esa es la constante, como el constante andar del tren.
Y mientras ando, sigo mirando al vigilante y el paisaje despejado en aire gélido, con eventuales y breves ondas de vapor provocadas por el calor de la exhalación en un soplido o un recipiente con café o alguna infusión caliente. Cuando avanza el tren, que combina su azul en ronco mecedor con el frío y la niebla, es recuperar las cosas buenas del pasado, como la hoguera contenida en una salamandra completando la vida de la breve casa de madera que me cobijó el Chillán. Y dije:
Las cadenas musculares están definidas por la acción, toda acción va a incluir una cadena muscular, es decir, un grupo muscular que ejecute el movimiento, esta acción puede ser provocada por diversas motivaciones que pueden ser físicas, emocionales o racional – existenciales.
Los músculos están recubiertos por capas de tejido conectivo que lo llamamos fascia, la fascia o tejido conectivo son por decirlo, las “telas” que envuelven todo órgano o tejido. Hay quienes aseguran que esta fascia es una representación física del alma o la energía, porque son la explicación anatómica más cercana a la inquietud que nos lleva a representar de alguna manera objetiva todo esto que sentimos y que nos hace pensar en lo que somos.
Y también lo dije en Santiago, en invierno y al frío, ante un cálido alumnado arropado practicando los diversos conceptos del Yoga, y entendiendo del frío sus posibles ventajas, y es que la vida es como el clima, que a veces contrae y otras expande, a veces sana y otras duele, pero ese es el ciclo permanente que se hace inquietud, ansiedad y nos enloquece cuando no entendemos que mientras el tren avanza en su rodar aparentemente interminable hay un eje perpetuo que mira y observa ir y venir las personas, como el vigilante de la estación, a quien seguramente ya no le entusiasman los trenes, sólo pasan, diversas líneas con personas van, regresan y se vuelven a ir y así me veo, como un cuerpo que está hoy y mañana regresará para volverse a ir, mientras el vigilante sigue ahí, cauto, taciturno y reflexivo, así es el alma y así el cuerpo, una relación de perpetuidad y mutabilidad, donde la mutabilidad se mueve, da vueltas, le hace frío y calor tanto como sufre y también goza.
El cuerpo no es que no sirva, al contrario, el cuerpo es un bien, es algo que tienes y merece ser usado, si tienes una única casa, lo más probable es que no la tengas vacía, lo más probable es que la uses, vivas ahí, o la rentes o hagas algo, no la tendrás vacía y despintándose, al igual que tu cuerpo, si posees un cerebro aprovéchalo, si tienes músculos úsalos y no para destruirte, úsalo para construirte, para que ese habitante efímero y perpetuo que es Ser, esté cómodo y nutrido en un cuerpo cuidado y trabajado a profundidad, por esto el Yoga y sus tantas posibilidades de desarrollo humano usando ese bien amortizable que siente, mas la posibilidad de la alegría como una constante que dará cualidad a todo lo que hagamos.
Otra vez, sea frío o calor, no importa, es Samadhi.
Corazón
OM MANI PADME HUM
India, estalla una crisis monetaria transitoria, el gobierno del subcontinente indio como medida para dar un golpe a la economía informal de grandes proporciones aplica una especie de “corralito”, donde los billetes de 500 y 2000 rupias pierden valor hasta que entren en circulación los nuevos billetes, es así que se da una crisis de circulante y se llenan los bancos sumadas a largas filas en los cajeros automáticos, una aventura no contemplada para los foráneos que apostábamos por lograr el cambio de nuestras divisas o algún cajero automático que contara con efectivo. Era curiosa aquella vez en McLeod Ganj, cerca de Dharamsala por los Himalaya de la India, ver parapetados a los monjes en su característica postura de flexión leve en rojos y naranjas telares tendidos en sus cuerpos morenos y aceitunados, exponiendo rostros limpios, apacibles y divertidos, siempre acompañados de algún apoyo ritual como un rosario o rueda de plegaria, en muchos casos repitiendo reiteradas veces en aquella voz naso –glotizada suave el Om mani padme hum. Y así, mientras esperaban a que llegue el efectivo al cajero automático había un monje joven haciendo girar una pequeña Rueda Mani (rueda de plegaria) pronunciando, Om mani padme hum, Om mani padme hum, Om mani padme hum. Un hombre adulto, casi anciano en rostro decrépito, de cachetes levemente colgantes, blancoide o morenoide, en pelo y barba breve y blanca, seguramente hastiado de estar rodeado de tanta plegaria, (que posteriormente me entero que es ateo librepensador) se acerca al monje y este le dice Om mani padme hum, cuya respuesta no se deja esperar para decirle “No, ¡no money padme hum!, no money”. Y todos en la fila, monjes, paisanos y turistas nos rendimos ante la risa, y es así que el clima cambia, las personas se comunican, se miran, saludo a un monje, quien me dice y repite muchas veces happy, me mira, sonríe y sigue happy happy happy, acariciando mis manos, mis codos y mis hombros, por un momento me niego, emerge cierto prejuicio, no acostumbro a tener tanto cariño de esa manera, pero el monje sigue con otro happy, y más caricias y me saluda de nuevo happy happy. El Om mani padme hum dio sus resultados.
Una de las tantas traducciones o interpretaciones que me gusta del OM MANI PADME HUM es “abro la flor de loto que habita en mi corazón” o “abro la joya sagrada de mi corazón”, muy usado en el mundo budista, que contagia al Yoga y similares en su planteamiento. Suena poético, y bello abrir la flor de loto que habita en tu corazón, pero de manera objetiva a lo mejor es un monje que te acaricie repetidas veces mientras repita una de las pocas palabras bonitas que aprendió en clases de inglés de la casa cultural tibetana.
De ahí es que la traducción correcta del OM MANI PADME HUM tiene relación con derretir el témpano cardiaco, y obsequiar lo más sagrado y valioso que administras. Porque sí, es menester entender que no posees una joya en tu corazón ni una flor de loto ni persona, ni cosas, eres un administrador de lo que transitoriamente te pertenece y estás dispuesto o dispuesta a obsequiarlo.
Es en este punto que entendemos el concepto de puente, de Prathyahara, y enlazamos el equilibrio del océano de la transpersonalidad, de la epifanía suprema traducida en inmortalidad, con los manglares intermareales que nutren en viceversa con los discretos ríos de emoción y energía.
Por esto, las tecnologías del Yoga ofertan un punto intermedio, blanco o justo para sobrevivir a la metáfora del agua, esta que nos habla de mareas saladas, manglares y ríos dulces cuyo flujo organizado puede deberse a una adecuada canalización de las fuerzas humanas a las que nos exponemos.
Abrir el corazón, con tecnologías del Yoga, es negociar con la posibilidad intrínseca que te habilita para crecer y entender en tu naturaleza, la naturaleza del mundo, es aliviar la presión, liberar y aprender, activar el plexo cardiaco y las tantas posibilidades de organización de aquello que llamamos amor como principio de cohesión y libertad, como principio de expansión.
El tema es tan amplio, que la mejor manera de resumirlo es a manera de poesía, en metáforas almacenadas bajo códigos sagrados cuya comprensión plena repose en la intuición, anatómicamente hablando al parecer es en el lóbulo prefrontal, continuando posterior la apófisis crista galli del hueso etmoides, ese espacio al que en prácticas de Yoga recurrimos cuando se insiste en prestar especial atención al entrecejo, Shambhavi Mudra, ahí y a veces un poco más posterior como en kechari mudra, o sobre la silla turca del esfenoides en la glándula hipofisiaria que relaciona al hipotálamo en el sistema hipotalamohipofisiario regulando la secreción de importantes hormonas del sistema endocrino y asociando información con estructuras superiores del Sistema Nervioso Central como el mesencéfalo, el sistema límbico y el cerebelo.
Pero no quiero circunscribirme a la anatomía y explicar los complejos mecanismos de la intuición desde una descripción topográfica de una pequeña parte de nuestro cuerpo, y tampoco desde la neurofisiología, ambas materias son apoyos, una especie de cimentación que ayudará a comprender la estructura y tal vez, algo de las posibilidades del decorado.
Es este sistema intuitivo quien va a completar la comprensión de las cosas y es también quien va a permitir que este sistema de desatado de los nudos emocionales sean posibles, porque cuando hablo de Yoga, estoy hablando de muchas cosas, en sí la sola palabra es una caja de un sinnúmero de contenidos, suena a metáfora, y al sonar a metáfora suena a poesía, la palabra sola y los tantos términos que la acompañan.
Viaje
Viajar es transformar, esta transformación inicia por la adaptación a formas diferentes, en carácter, comida, temperatura, biología, topografía, etc. Construcciones físicas y del alma que siempre tienen algo que decir, y por esto viajamos, para escarbar los orígenes de nuestra existencia al visitar una historia muy antigua de nuestro planeta, o para encontrar una respuesta a la perpetua curiosidad que nos caracteriza, viajar, pasear, respirar un nuevo aire le hace bien al cerebro, desarrolla nuevas conexiones cerebrales, construye redes sinápticas nuevas y nos hace más sabedores de nuestro entorno y de nosotros mismos. Siglos atrás se respetaba mucho a un viajero, y claro, las condiciones eran diferentes, había que afrontar muchos desafíos y amenazas, climas diversos, fieras, enfermedades, cansancio, hambre, sed, y, la inevitable posibilidad de morir asesinado, por esto es que para viajar no solo se requería habilidades físicas excepcionales, si no también capacidades sociales, emocionales, intuitivas, cognoscitivas, medicinales, abrir la mente y el corazón a estructuras sociales y culturas a lo mejor totalmente diferentes a la habitual.
Por esto, hasta hoy en día el viajar entusiasma a la mayoría de las personas, debido a que nuestro anecdotario engrosa, y eso significa que engordamos el conocimiento y el conjunto de experiencias aquel que nos acerca a la sabiduría, y sí, viajar no sólo es lindo, es también de sabios.
Por esto, recuerdo muchos viajes, historias llamadas por ejemplo lago Titikaka, Salar de Uyuni y Parque Nacional Eduardo Avaroa. Y como tantos lugares, el nombre dice poco del espectro inmenso de intensidades que puedan vibrar en los huesos y el palpitar cotidiano, desde la simple admiración y sorpresa ante la magnitud inigualable, hasta la vivencia de la trascendencia, que, por aquellos lugares fue posible, aplicando la fórmula de estar atentos, y para tal, usamos la meditación y algunas prácticas de profundidad y conexión que pueden percibirse adentro y en conexión, a por ejemplo, un antiguo templo dedicado a lo femenino frente a las aguas navegables más altas del mundo, o al lado de un cactus centenario sobre rocas volcánicas y corales petrificados en una isla en medio del desierto de sal más grande del planeta, o frente a una montaña reflejada en el rojo intenso de la laguna que se tiñe así todo el año recibiendo flamencos de diversas variedades, o atravesando un desierto idéntico a un cuadro de Salvador Dalí, u oleajes de lava que cedieron su calor en formas únicas e irrepetibles, que nos cuentan algo que va más lejos de la historia de la humanidad y es la historia de la vida misma, y de esta nuestra casa llamada planeta y en esta historia que insistimos en llamarla vida. Piedras con personalidad y sabiduría, lagunas de colores, montañas empapadas de misterios y lo inexplicable, que hicieron del desplazamiento aquel, una travesía, donde el cuerpo es sólo un medio y la experiencia se concentra ante nuevos desafíos de la conciencia que expande sus posibilidades y saludaba con profundo respeto y reverencia a la ruta de Thunupa.
Pero este es sólo un ejemplo de muchos y tantos parajes que en un nivel superfluo alimentaron mis sentidos, pero en el nivel aquel que tiene que ver con el origen de todas las cosas, puedo afirmar con claridad que entiendo la frase irresuelta de “nutrir el alma”. Y si, el alma es como el sistema digestivo, como un estómago que digiere, asimila y expulsa y luego tendrá sed y hambre de experiencias nuevas que la renueven. El ostracismo conduce a un raquitismo energético donde la pobreza de sinapsis neuronales se verán reflejadas en ejércitos de cuerpos vacíos de carácter y llenos de una absurda obediencia al miedo. La quietud cobra valor, al lado del movimiento: Yoga.
Por esto, viajar fuera se equilibra con viajar dentro, descender los párpados a voluntad y percibir lo que sucede en la piel y en los tejidos profundos, viajar fuera es una fotografía, pero viajar dentro es una representación, donde imagen e interpretación coadyuvan en este proceso de desarrollo permanente y perpetuo, al final de cuentas, estamos de paso.
Viajar, a veces puede estar representado con algo tan simple como cambiar de barrio, de institución educativa, oficio u oficina, mudar es crecer siempre en la variedad multitudinaria de las posibilidades del vivir y el existir, la diferencia radica en la calidad y claridad que el movimiento signifique, me explico: Todo movimiento almacena implícito la posibilidad de desarrollo, y depende de la cualidad del mismo, un movimiento de cualidad física dará un resultado físico, pero si agrego una cualidad energética, mental e incluso transpersonal entonces nos adentramos en la riqueza integral del movimiento, del moverse, mudar y viajar.
Por esto es que viajar, es despertar y despertar es abrirse a la luz nueva de todos los días y todas las noches, otra vez: Samadhi.
Pies y Libertad
Los pies fríos son un invento de la debilidad, no es que la debilidad sea mala, ni el frío un glacial desafiante de nuestros calurosos objetivos. No.
Me refiero al frío que es contenido por las sandalias, abarcas o huaraches que reposan en la tierra salina, al que precede a una voluptuosa pantorrilla, t'usu, moroco o chamorro. Ese que quiebra la piel del dedo gordo cuando un viento sibilante saluda la superficie de nuestro cuerpo que dialoga con la tierra.
Y es que esa debilidad es parte de la fuerza invisible que reposa en la sequedad de los pies que enfrían.
Tal vez, ahí radique mi resistencia a abrigar esa extremidad, a reemplazar un andar cálido y cómodo por uno mas frio y duradero, por que es mucho lo que ando e interminable el terreno que pretendo pisar.
Y así, mis pies se merecen el por siempre, que muchas veces es naturalmente frío o suficientemente tórrido para recordar mi fortaleza.
¿el calor? Si, a veces hay calor, arena, tierra, piedras y humedad, hay materia orgánica y sensible que solamente se transmite a pies libres como los míos, que son fríos a veces o húmedos, pero sabios siempre, por que se trata de lavar los pies con frecuencia, esto para medir la suciedad del agua después de limpiar el jabón de los espacios interdactileos, mientras mayor la sustancia oscura en la espuma, va a significar mayores logros con la tierra y este andar del que estoy hablando.
¿Por que la Iluminación requiere los pies libres?
Simple, es necesario caminar por encima de la vida y de la muerte, y con los pies debidamente abrigados y enjaulados este es un imposible.
Hace eones que fuimos unos pies proporcionalmente grandes en relación a nuestra estructura hasta nuestros actuales pies notablemente reducidos gracias a un principio de levedad y mejora sensorial constante. Y es que la evolución de nuestra especie es la revolución sensorial de nuestros pies.
Como humanidad hemos andado, hemos muerto, nos pusimos de pie y volvimos a andar para otra vez desfallecer y nuevamente caminar, correr, tropezar, morir, arrastrase, gatear, derrapar, claudicar y caminar dando vueltas la tierra muchas veces, repitiendo paisajes, dolores y alegrías una y otra vez. Esto se llama Samsara, la perpetua rueda del sufrir con alegría o al revés que es lo mismo.
Por esto la Iluminación, detenerse a mirar el mundo con los pies sucios y la frente despejada. Caminar sabiendo exactamente lo que se pisa, por encima de unas sandalias de cuero que nos recuerda la muerte que todos los días la superamos y afirmando esta seguridad que estamos encima de la muerte, y entender que correr es inútil por que volveremos a los mismos hermosos paisajes y repetiremos basurales aparentemente interminables. Seremos unidades solitarias que rebotan entre la dicha y la lúgubre depresión.
Por que en el fondo no hay tristeza ni alegría, en el fondo es la perfección, es un tic tac de ritmos que no son buenos ni malos, que construyen y destruyen. Un ritmo en el que bailamos sin darnos cuenta y nos levantamos y volvemos a morir y volvemos a bailar.
Por esto y para esto, el andar es fundamental, que el viento y la superficie sensible de los dedos coincidan, que los dedos puedan extender y flexionar a capricho y todo el aparato sensorio- perceptivo de los pies sean la vasija en la que la suprema experiencia humana sea posible.
La libertad comienza por los pies y sin libertad la Iluminación no es posible.



