Vieja y Sabia




Al dividirse con los dientes, hay una consistencia firme, triturarlo es desprender el misterio inherente  de los andes, es como convertirse en tierra, escarbar el suelo y hundir el cuerpo entero en terreno removido, fértil y agreste, su sutil hedor lo hace delicioso, como el hedor del almizcle que fija las fragancias, ese hedor leve del chuño y la tunta (chuño blanco o moraya) hace que la comida tenga fuerza, alma y nos dé una lección magistral de aquello que tiene que ver con el sentido mismo de la existencia, cada bocado es un bocado de voluntad, organización y constancia, que comienza por lo general arriba de los 3000 msnm a bajas temperaturas que pueden estar igual o un poco debajo de los cero grados centígrados, y así comienza, con la selección de las papas amargas o pequeñas, una selección que solamente puede hacerse manualmente, varios sacos de papa (patatas) en los que se separan las papas que serán extendidas en una explanada o patio para que la helada (el gélido de la noche y la mañana) congele los tubérculos por unos días.

Al morder el chuño recibo otra lección importante que comienza al amanecer alrededor de las 05:00am, cuando los dedos se entumecen y los pies arden de frío cuando esa papa helada es dada la vuelta, otra vez, por aquel productor que sostiene un arte de probablemente hace unos siglos atrás y es el arte de lograr la perpetuación de la especie con vehemencia. Estas papas heladas hay que pelar y se lo hace pisando, con pies descalzos, a veces hasta bailando al ritmo del charango en sumaraj pampita. Luego de pisarlas y pelarlas, posterior a los pies helados, se colocan las papas heladas y pisadas (peladas) en unos sacos y esta pesada y húmeda carga es trasladada al río o laguna de agua dulce y fría, para que se lave antes de ponerse el sol y adquiera su color blanco en el caso de la tunta, chuño blanco o moraya. En cambio, las papas heladas, pisadas, soleadas, pisadas otra vez, y soleadas nuevamente es el chuño, el chuño es resultado del Sol, hijo del sol,  la tunta es de la Luna, el chuño es entre marrón y negro y la tunta es blanca o blanquecina.

Es así que la tunta es de sabor algo más fuerte, y de mayor valor, porque es de la luna y la fuerza de la mujer que pisa la papa helada, y manda a su esposo o hijos a que lleven la pesada carga al río. Se dice incluso, que es más nutritiva, el chuño es del sol y más abundante.

Por esto mascar y triturar el chuño no es un acto gourmet simplemente, deja de convertirse en una experiencia de sabores que animará nuestros sentidos, el chuño va más allá, el chuño es leer un libro con las papilas gustativas y las células de la mucosa nasal, es exhalar la fuerza de la exhalación de quien arrancó el arbusto de la papa, removiendo con una picota alrededor primero y con una flexión de rodillas, cerrando esfínteres y contrayendo el abdomen, con ambas manos y en un solo movimiento y en una sola exhalación, a veces de niño miraba personajes encorvados en las ferias y mercados y me imaginaba que eran unos excelentes arranca arbustos de la papa, de esos que lograban que la planta salga con toda su raíz y todos sus tubérculos.

Por esto, el chuño, no es solo papa liofilizada o deshidratada, es un libro que se lee a cada bocado y me va diciendo que ese bocado es el mismo de hace unos siglos atrás, que sobrevivió a la colonia y al igual que su sabor profundo e inexplicable que afina con la profundidad inherente en las montañas de campos de silentes y sibilantes. Si bien, en la colonia ha sido postergado al ser considerado un acompañante del plato principal, aún está y persiste oscuro las más de las veces, despertando la inquietud en quienes no lo conocen y ese sabor tan difícil de describir que nos obliga a pensar. Si nunca lo probaste, cuando lo hagas muérdelo con curiosidad científica o inquietud espiritual, procurando decodificar el mensaje que esconde al triturarlo y ensalivarlo.  Su sequedad y pacífica característica es que el chuño es constante por que puede conservarse muchos años y al hervor se ablanda, se hace manso, no combina bien con cualquier ingrediente, hay sólo un espectro de alimentos que son compatibles, siempre debe ir acompañado de un sabor estimulante como el salado y el picante. Es de lenta absorción, eso significa que una vez triturado y deglutido, pueden pasar varias horas sin bocado y sin hambre. Por esto, a veces que extraño la pampita (el campo), mascar el chuño puede dar un alivio emocional, es como un viejo y alegre amauta (sabio) de los andes que me mira y me sonríe, interpreto su rostro pétreo y sus ojos escondidos cada vez de una manera diferente. 

Y cuando es la tunta, es la awicha (vieja), a veces dura y a veces cariñosa, pero segura siempre, absoluta siempre, con la sabiduría evidente, aprender del chuño es aprender de la tierra y de quienes a profundidad la conocen. Mascarlo es un acto amable y compatible con este constante diálogo que tenemos los seres humanos con la tierra y la naturaleza, un diálogo que almacena ciertos códigos, que esta vez los voy comprendiendo con el chuño.


Por esto, el chuño es una papa vieja, ha pasado por frío, sol, heladas, ha sido pisada, pelada, estrujada y, una vez seca y almacenada, podrá esperar meses o años hasta ser finalmente hervida antes de llegar a ser bocado. También ha sido sudor, esfuerzo humano, música, pies fríos, manos aceleradas, ojos expertos y quietud. Lo vuelvo a probar y los viejos me hablan de nuevo, hay un sabio en cada viejo y un viejo en todos nosotros, hay una diosa en cada vieja, y una vieja que nos habla siempre, porque hay cierta esencia, un meollo en cada cosa y proceso, un sentido profundo en el arte y mensajes de honda sabiduría escondidos en pedazos oscuros y blancos en el plato.

Hablan y dicen:
Te voy a contar una historia, la historia de mis abuelos, de los abuelos de mis abuelos y sus abuelos, esa historia que la estás saboreando ahora, que mientras mascas y respiras es develada por instantes y así rápidamente desparecer, la historia de las cosas escondidas de amuki (el silencio de afuera) y amuti (el silenciode adentro), es una historia plagada de hermetismos y contadas a mitades, como las mitades que vas engullendo. Que pese a las destrucciones y la incomprensión de lo que somos y fuimos, ha logrado mantener su esencia, es una historia tuya también, que te la puedo contar si la curiosidad te obsequia dicha, que podrás leer dolor, sufrimiento y esclavitud, pero ¿Y si es al revés?,  ¿la historia de las cosas bien hechas?, ¿la historia donde el esfuerzo es la alegría y que pocos lo ven?, a lo mejor es la felicidad que juega con la dureza de las piedras, a lo mejor hay algo de eso y por eso hay música mas un charango que acompaña, una quena que adoctrina con cariño y una zampoña que nos engrandece.  Si, hay un poco de todo y te lo iré contando mientras aceptas el sabor de las cosas que son de verdad, como este tu último bocado.


Dicha


Un consultorio almacena una carga simbólica, en unos pocos minutos rutas completas de vida son modificadas, así como destinos de todo tipo, ahí el representante del misterio de la vida, en bata blanca y manos limpias redacta notas legibles a su gremio, inhala corto y tras una breve, sonora y rápida exhalación, el Dr. Fablet mira a Antonio al tiempo que suelta el bolígrafo y junta sus dedos sobre el escritorio para decir: 

Dr. Fablet:   Arregle sus cosas

Antonio:      … ¿cuánto tiempo ­?

Dr. Fablet:   No sabemos, si dos meses, dos semanas o dos días, cualquier momento, arregle sus cosas, lo antes posible.

En aquel rostro pétreo, con un dejo de calor en el fondo de sus ojos el médico galo, con fría determinación aplica el sello sonoro en un papel de receta PHASE TERMINALE (desahuciado).

Es así que Antonio, en facies pálida, avanza en su silla de ruedas a tramitar el documento que lo etiqueta como oficialmente desahuciado por enfermedad de Behcet terminal, un mal que se cree es autoinmune, de por vida y con episodios de remisión, pero por el estado de la enfermedad (de Antonio), esa remisión era impensable.

Antonio, había aterrizado hace unos pocos años en París, dejando un padre con metástasis en La Paz, quien, tras ver la hoja de aceptación a becario y comprar su pasaje a Europa le dijo: “Una sola vez en la vida se presenta una oportunidad, y si no la aprovechas, nunca más regresa”, le dijo y nunca más lo volvió a ver. Y fue así que Antonio llega al Charles de Gaulle Airport (aeropuerto de París), sin saber el idioma y con un letrero escrito en francés que una azafata le colgó al cuello,  decía algo así como: “Soy un estudiante sudamericano recién llegado, por favor si me puede alguien ayudar a llegar a la Universidad de París V René Descartes”.

El joven becario se levantaba diariamente 04:00 am, una Baggette más un pedazo de queso le tendrían que aguantar el día (su beca no incluía vivienda y alimentación), y  sí, pasó hambre, frío y trabajaba bajo presión hasta que comenzó a mejorar un poco su situación y a los pocos años empezaron los síntomas,  erupciones en la boca, problemas digestivos, dolores articulares, llagas en el cuerpo, ardor, poco a poco, impotencia funcional hasta llegar al pasillo de aquel Assistance Publique Hospitaux de Paris en una silla de ruedas pensando en las cosas que tendría que alistar antes de fallecer y es así que un dejo de sonrisa dibujó su rostro y dijo para sí, “si he de morir, que sea cogiendo”.

Tras arduo trabajo en aquellos años de becario y luego docente, había ahorrado alrededor de 50.000 euros. Entró a una agencia de viajes, pidió un pasaje y comenzó la aventura en Grecia, lindos hoteles, comida gourmet, lujos, viajes, ¿unas tapas en la calle por 8 o 12 euros? ¿Y si mañana muero? Mejor unas trufas en aquel lindo restauran con un buen vino.

Aquel documento de desahuciado le fue de mucha utilidad, le daban habitaciones privilegiadas en los hoteles, asientos de primera clase en los aviones, primera fila de cortesía en los más solicitados conciertos, más la atención y consideración extrema de todo el personal de apoyo donde vaya o paquete turístico que tome. Y es así que tres meses después en el Lloyd Hotel de Amsterdam se acerca  al mostrador para decirles “ya me voy, pero me quedé sin dinero, no tengo para pagar la cuenta de estos 10 días que estuve en su hotel”. El encargado del hotel tras un breve silencio le dice, -no hay problema- y llama al botones para que le acompañe al taxi.

Llegó a Paris sin silla de ruedas, con un bastón que poco tiempo después no lo necesitó más, la enfermedad había remitido.

Antonio: ¿qué me curó?
Respuesta: fuiste feliz, es todo




La dicha es una posibilidad permanente, puedo elegir desarrollarla, así como esconderla en un espacio  oscuro del cuerpo, engrosar la fascia hasta que duela y sufrir. El gozo, la dicha, ananda es uno de los ingredientes de la Iluminación, y es que las experiencias sublimes humanas no pueden contener dolor o sufrimiento, siempre es con plenitud, con la plétora que la felicidad provoque. Aunque también, no hay alivio sin un dolor que lo preceda, el dolor es parte del cotidiano, la comodidad o incomodidad es una cuestión sensorial,  de cuerpos que sienten, se acomodan o incomodan, por esto el malestar o el bienestar es transitorio, así como la felicidad o la tristeza. 

Por esto uso la palabra dicha, plenitud o gracia, ya que tristeza o alegría no son estados permanentes, son contenidos transitorios y eventuales, que corresponden al ciclo de todos los días, hoy estoy feliz, mañana triste y después depende de lo que busque y ocurra. Y aquí me detengo, en lo que busque y en lo que ocurra que son ambas variables importantes para llegar al resultado que sea sentir felicidad o malestar y tristeza.

Las dos variables. Lo que busque, lo que mire, lo que elija, por ejemplo una reunión o fiesta, en la que elijo un amigo o amiga. Ha ocurrido algo, una especie de destino que ha hecho que la otra persona esté en ese preciso lugar y espacio a esa hora, pero yo elijo si me acercaré a hablar a tal persona, o acepte su presencia. Una amistad en un grupo de estudiantes se da por elección, lo que ocurre es que haya la causalidad que determinadas personas se hallen en el mismo lugar, materia o salón de clase, incluso en las asociaciones por decir,  virtuales, juegan ambos componentes, la circunstancia y la elección.

Tristeza, alegría  y otra vez el enojo, y otra vez se siente bien y otra vez se siente feo, también es samsara, la rueda interminable de vidas, muertes y sentires. Inacabable rueda de ciclos emocionales, estos que en el devenir incrementan para caer de nuevo. 

Me gusta la palabra ananada, traducida como gozo, yo me prestaría un término teológico para darle una traducción más cercana: GRACIA, fortalecida y organizada por San Agustín esta expresión que tiene que ver con esa sorpresa que sentimos al vernos empapados ante tanta belleza por lo vivo, animado o inanimado, un bebé provoca un estado de gracia natural, un cachorro, un bosque, esa gracia de sorprendernos por la vida misma. Claro que San Agustín separa la gracia divina de la gracia natural, de un pelagianismo (confiar en la bondad y gracia de la naturaleza humana, considerado herético por la religión católica) con el amor a Dios.

Es así que podemos hallar diferentes niveles del bienestar, transitorios, perpetuos, superficiales, profundos y diversos términos que ayuden a identificar de qué tipo, nivel o clase de bienestar estamos hablando.

Por esto recalco que ahora me refiero al bienestar profundo y perpetuo, sólido, flexible e imborrable, ese que al escribirse en el alma es indeleble y permanece a perpetuidad mutando y contagiando en los cuerpos sedientos de alegría. 

Sí, es felicidad profunda y perpetua, un estado de gozo y gracia eterna, similar a la de San Agustín  que obliga separar o extraer con el dolor la gracia divina y otorgar al mártir un contenido irrefutable a su estado de gracia. No deseo a nadie el dolor, pero sí les deseo a todos la gracia y el aprendizaje de haberlo superado.



Por esto, al referirme a la dicha, me refiero a muchas cosas, por ejemplo un cuerpo que goza, una mente paradójicamente tranquila y alerta, quieta y vivaz, más un alma plena, cuyo conjunto de bienestares sumarán ananda, que es todo, afuera, adentro y la periferia. La dicha no es cosa de meter aire profundo y forzar la actitud y el carácter hacia un paraíso, no lo es, pero es un primer paso, es también sentarse en quietud y silencio muchas horas, es  reconocer el cuerpo, que el cerebro dialogue con los músculos y la voz se eleve y afine, es todo un entrenamiento de cuidar lo que se masca, se huele, se habla y se mira. La lengua es una de las herramientas de la alegría, que puede ser falsa o verdadera, de plástico o de materia orgánica y viva, esa jugosa que nos hace reír tanto.

Y, ¿qué pasó con Antonio?
Fue feliz y lo sigue siendo, soltó y aprendió a relajarse ante la tensión cotidiana, aprendió a decir las cosas sin temor. Vive, a veces una llaga, otra un transitorio dolor articular, el mal no remitió del todo, pero vive, tras aquel encuentro con la plenitud que le salió tan caro, con aquel dinero que  viene se va y se volverá a ir para regresar.

La felicidad sana, la química de la dicha fortalece el sistema inmunológico, regula el sistema endócrino y va creciendo la sensación de inmortalidad con la consecuente disminución del  temor a fenecer. Al otorgar fuerza, poder a la muerte es que emerge el sufrimiento, la parte doliente del mundo tiene que ver con esta aprehensión a la muerte, a esta aparente delimitación entre vivir y morir, donde la muerte acaba con la vida y se acaba todo.

En cambio, si la muerte me deja de importar, si tengo más vidas por delante, o al menos una vida eterna y ciclos de ciclos, evidentemente la carga existencial es menor y se sufre menos.

Incorporar la inmortalidad como una convicción ayuda a esta idea de dicha, de felicidad, debido a que nada importa tanto, dejamos de luchar por sobrevivir y nos ocupamos en desarrollar nuestras capacidades y posibilidades, y esto es pasar a través de, es decir: trascender. Mirar el momento pasar con extrema lentitud y así vivir en dicha y gracia.  Iluminación.


Tren y vida


El sur en Chile es frío, dependiendo que tan al sur se viaje, desciende la temperatura, la paradoja del frío es que se hermana con la belleza en esta parte del planeta, es decir, mientras más al sur te muevas, más lindo. El gélido y la estética del paisaje son una pareja que se alejan para estar juntos en pastizales decorados con escala de verdes y amarillos que contrasten con el azul cristalino de una laguna inmóvil que hace espejo a altos y delgados árboles contrastados en tonos de niebla al pie de una imponente y blanqueada cordillera, con paradas en estaciones del frío y vigilantes atentos, escondidos en sus chamarras o parcas insufladas de protección mas vacío,  sujetos de escaso movimiento, alzados todos iguales, a lo mejor por el telar azul que los uniforma o las horas de espera y salida, de circuitos incesantes que los duerme y despierta, repetidos en cada estación los escasos empleados visibles del tren levantan todos la cabeza por igual, su oficio contemplativo hace que los contemple, los mire en cada parada casi inmóviles, con los pasos necesarios para cumplir su tarea que es la presencia de un representante de esta maquinaria que me duerme para devolverme en paz al aire, a la estación que es mi destino, donde en realidad el sur comienza.

Las vueltas de rueda aún hoy, imitan un palpito cardiaco sibilante, como aquellos corazones incompletos al estetoscopio, por esto un tren es un corazón con insuficiencia que corre a veces rápido y otras lento, que respira con estertores y preocupa su permanencia, porque van a desaparecer, el metal duro, la riel y el silbido. Y vendrán otros trenes, enfermos también pero diferentes, con la velocidad prioritaria en su sonido mutilado, imagino, es posible que sea diferente, no sé del futuro, pero puedo oler lo que viene, un mundo con otros trenes, y un mundo sin saber cómo suena un sistema cardiorespiratorio incompleto. No sé si sea bueno o malo, las cosas son y esa es la constante, como el constante andar del tren.

Y mientras ando, sigo mirando al vigilante y el paisaje despejado en aire gélido, con eventuales y breves ondas de vapor provocadas por el calor de la exhalación en un soplido o un recipiente con café o alguna infusión caliente. Cuando avanza el tren, que combina su azul en ronco mecedor con el frío y la niebla, es recuperar las cosas buenas del pasado, como la hoguera contenida en una salamandra completando la vida de la breve casa de madera que me cobijó el Chillán. Y dije:

Las cadenas musculares están definidas por la acción, toda acción va a incluir una cadena muscular, es decir, un grupo muscular que ejecute el movimiento, esta acción puede ser provocada por diversas motivaciones que pueden ser físicas, emocionales o racional – existenciales.

Los músculos están recubiertos por capas de tejido conectivo que lo llamamos fascia, la fascia o tejido conectivo son por decirlo, las “telas” que envuelven todo órgano o tejido. Hay quienes aseguran que esta fascia es una representación física del alma o la energía, porque son la explicación anatómica más cercana a la inquietud que  nos lleva a representar de alguna manera objetiva todo esto que sentimos y que nos hace pensar en lo que somos.

Y también lo dije en Santiago, en invierno y al frío, ante un cálido alumnado arropado practicando los diversos conceptos del Yoga, y entendiendo del frío sus posibles ventajas, y es que la vida es como el clima, que a veces contrae y otras expande, a veces sana y otras duele, pero ese es el ciclo permanente que se hace inquietud, ansiedad y nos enloquece cuando no entendemos que mientras el tren  avanza en su rodar aparentemente interminable hay un eje perpetuo que mira y observa ir y venir las personas, como el vigilante de la estación, a quien seguramente ya no le entusiasman  los trenes, sólo pasan, diversas líneas con personas van, regresan y se vuelven a ir y así me veo, como un cuerpo que está hoy y mañana regresará para volverse a ir, mientras el vigilante sigue ahí, cauto, taciturno y reflexivo, así es el alma y así el cuerpo, una relación de perpetuidad y mutabilidad, donde la mutabilidad se mueve, da vueltas, le hace frío y calor tanto como sufre y también goza.

El cuerpo no es que no sirva, al contrario, el cuerpo es un bien, es algo que tienes y merece ser usado, si tienes una única casa, lo más probable es que no la tengas vacía, lo más probable es que la uses, vivas ahí, o la rentes o hagas algo, no la tendrás vacía y despintándose, al igual que tu cuerpo, si posees un cerebro aprovéchalo, si tienes músculos úsalos y no para destruirte, úsalo para construirte, para que ese habitante efímero y perpetuo que es Ser, esté cómodo y nutrido en un cuerpo cuidado y trabajado a profundidad, por esto el Yoga y sus tantas posibilidades de desarrollo humano usando ese bien amortizable que siente, mas la posibilidad de la alegría como una constante que dará cualidad a todo lo que hagamos.

Otra vez, sea frío o calor, no importa, es Samadhi.

Corazón

OM MANI PADME HUM

India, estalla una crisis monetaria transitoria, el gobierno del subcontinente indio como medida para dar un golpe a la economía informal de grandes proporciones aplica una especie de “corralito”, donde los billetes de 500 y 2000 rupias pierden valor hasta que entren en circulación los nuevos billetes, es así que se da una crisis de circulante y se llenan los bancos sumadas a largas filas en los cajeros automáticos, una aventura no contemplada para los foráneos que apostábamos por lograr el cambio de nuestras divisas o algún cajero automático que contara con efectivo.  Era curiosa aquella vez en McLeod Ganj, cerca de Dharamsala por los Himalaya de la India, ver parapetados a los monjes  en su característica postura de flexión leve en rojos y naranjas telares tendidos en sus cuerpos morenos y aceitunados, exponiendo rostros limpios, apacibles y divertidos,  siempre acompañados de algún apoyo ritual como un rosario o rueda de plegaria, en muchos casos repitiendo reiteradas veces en aquella voz naso –glotizada  suave el Om mani padme hum. Y así, mientras esperaban a que llegue el efectivo al cajero automático había un monje joven haciendo girar una pequeña Rueda Mani (rueda de plegaria) pronunciando, Om mani padme hum, Om mani padme hum, Om mani padme hum. Un hombre adulto, casi anciano en rostro decrépito, de cachetes levemente colgantes, blancoide o morenoide,  en pelo y barba breve y blanca,  seguramente hastiado de estar rodeado de tanta plegaria, (que posteriormente me entero que es ateo librepensador)  se acerca al monje y este le dice Om mani padme hum, cuya respuesta no se deja esperar para decirle “No, ¡no money padme hum!, no money”.  Y todos en la fila, monjes, paisanos y turistas nos rendimos ante la risa, y es así que el clima cambia, las personas se comunican, se miran, saludo a un monje, quien me dice y repite muchas veces happy,  me mira, sonríe y sigue happy happy happy, acariciando mis manos, mis codos y mis hombros, por un momento me niego, emerge cierto prejuicio, no acostumbro a tener tanto cariño de esa manera, pero el monje sigue con otro happy, y más caricias y me saluda de nuevo happy happy.  El Om mani padme hum  dio sus resultados.       
         
Una de las tantas traducciones o interpretaciones que me gusta del OM MANI PADME HUM  es “abro la flor de loto que habita en mi corazón” o “abro la joya sagrada de mi corazón”, muy usado en el mundo budista,  que contagia al Yoga y similares en su planteamiento. Suena poético, y bello abrir la flor de loto que habita en tu corazón, pero de manera objetiva a lo mejor es un monje que te acaricie repetidas veces mientras repita una de las pocas palabras bonitas que aprendió en clases de inglés de la casa cultural tibetana.

De ahí es que la traducción correcta del OM MANI PADME HUM tiene relación con derretir el témpano cardiaco, y obsequiar lo más sagrado y valioso que administras. Porque sí, es menester entender que no posees una joya en tu corazón ni una flor de loto ni persona,  ni cosas, eres un administrador de lo que transitoriamente te pertenece y  estás dispuesto o dispuesta a obsequiarlo.

Es en este punto que entendemos el concepto de puente, de Prathyahara, y enlazamos el equilibrio del océano de la transpersonalidad, de la epifanía suprema traducida en inmortalidad, con los manglares intermareales que nutren en viceversa con los discretos ríos de emoción y energía.

Por esto, las tecnologías del Yoga ofertan un punto intermedio, blanco o justo para sobrevivir a la metáfora del agua, esta que nos habla de mareas saladas, manglares y ríos dulces cuyo flujo organizado puede deberse a una adecuada canalización de las fuerzas humanas a las que nos exponemos.

Abrir el corazón, con tecnologías del Yoga, es negociar con la posibilidad intrínseca que te habilita para crecer y entender en tu naturaleza, la naturaleza del mundo, es aliviar la presión, liberar y aprender, activar el plexo cardiaco y las tantas posibilidades de organización de aquello que llamamos amor como principio de cohesión  y libertad, como principio de expansión.

El tema es tan amplio, que la mejor manera de resumirlo es a manera de poesía, en metáforas almacenadas bajo códigos sagrados cuya comprensión plena repose en la intuición, anatómicamente hablando al parecer es en el lóbulo prefrontal, continuando posterior la apófisis crista galli del hueso etmoides, ese espacio al que en prácticas de Yoga recurrimos cuando se insiste en prestar especial atención al entrecejo, Shambhavi Mudra, ahí y a veces un poco más posterior como en kechari mudra, o sobre la silla turca del esfenoides en la glándula hipofisiaria que relaciona al hipotálamo en el sistema hipotalamohipofisiario regulando la secreción de importantes hormonas del sistema endocrino y asociando información con estructuras superiores del Sistema Nervioso Central como el mesencéfalo, el sistema límbico y el cerebelo.

Pero no quiero circunscribirme a la anatomía y explicar los complejos mecanismos de la intuición desde una descripción topográfica de una pequeña parte de nuestro cuerpo, y tampoco desde la neurofisiología, ambas materias son apoyos, una especie de cimentación que ayudará a comprender la estructura y tal vez, algo de las posibilidades del decorado.

Es este sistema intuitivo quien va a completar la comprensión de las cosas y es también quien va a permitir que este sistema de desatado de los nudos emocionales sean posibles, porque cuando hablo de Yoga, estoy hablando de muchas cosas, en sí la sola palabra es una caja de un sinnúmero de contenidos, suena a metáfora, y al sonar a metáfora suena a poesía, la palabra sola y los tantos términos que la acompañan.


Viaje

Viajar es transformar, esta transformación inicia por la adaptación a formas diferentes, en carácter, comida, temperatura, biología, topografía, etc. Construcciones físicas y del alma que siempre tienen algo que decir, y por esto viajamos, para escarbar los orígenes de nuestra existencia al visitar una historia muy antigua de nuestro planeta, o para encontrar una respuesta a la perpetua curiosidad que nos caracteriza, viajar, pasear, respirar un nuevo aire le hace bien al cerebro, desarrolla nuevas conexiones cerebrales, construye redes sinápticas nuevas y nos hace más sabedores de nuestro entorno y de nosotros mismos. Siglos atrás se respetaba mucho a un viajero, y claro, las condiciones eran diferentes, había que afrontar muchos desafíos y amenazas, climas diversos, fieras, enfermedades, cansancio, hambre, sed, y, la inevitable posibilidad de morir asesinado, por esto es que para viajar no solo se requería habilidades físicas excepcionales, si no también capacidades sociales, emocionales, intuitivas, cognoscitivas, medicinales, abrir la mente y el corazón a estructuras sociales y culturas a lo mejor totalmente diferentes a la habitual.

Por esto, hasta hoy en día el viajar entusiasma a la mayoría de las personas, debido a que nuestro anecdotario engrosa, y eso significa que engordamos el conocimiento y el conjunto de experiencias aquel que nos acerca a la sabiduría, y sí, viajar no sólo es lindo, es también de sabios.

Por esto, recuerdo muchos viajes, historias llamadas por ejemplo lago Titikaka, Salar de Uyuni y Parque Nacional Eduardo Avaroa. Y como tantos lugares, el nombre dice poco del espectro inmenso de intensidades que puedan vibrar en los huesos y el palpitar cotidiano, desde la simple admiración y sorpresa ante la magnitud inigualable, hasta la vivencia de la trascendencia, que, por aquellos lugares fue posible, aplicando la fórmula de estar atentos, y  para tal, usamos la meditación y algunas prácticas de profundidad y conexión que pueden percibirse adentro y en conexión, a por ejemplo, un antiguo templo dedicado a lo femenino frente a las aguas navegables más altas del mundo, o al lado de un cactus centenario sobre rocas volcánicas y corales petrificados en una isla en medio del desierto de sal más grande del planeta, o frente a una montaña reflejada en el rojo intenso de la laguna que se tiñe así todo el año recibiendo flamencos de diversas variedades, o atravesando un desierto idéntico a un cuadro de Salvador Dalí, u oleajes de lava que cedieron su calor en formas únicas e irrepetibles, que nos cuentan algo que va más lejos de la historia de la humanidad y es la historia de la vida misma, y de esta nuestra casa llamada planeta y en esta historia que insistimos en llamarla vida.  Piedras con personalidad y sabiduría, lagunas de colores, montañas empapadas de misterios y lo inexplicable, que hicieron del desplazamiento aquel, una travesía, donde el cuerpo es sólo un medio y la experiencia se concentra ante nuevos desafíos de la conciencia que expande sus posibilidades y saludaba con profundo respeto y reverencia a la ruta de Thunupa.

Pero este es sólo un ejemplo de muchos y tantos parajes que en un nivel superfluo alimentaron mis sentidos, pero en el nivel aquel que tiene que ver con el origen de todas las cosas, puedo afirmar con claridad que entiendo la frase irresuelta de “nutrir el alma”. Y si, el alma es como el sistema digestivo, como un estómago que digiere, asimila y expulsa y luego tendrá sed y hambre de experiencias nuevas que la renueven. El ostracismo conduce a un raquitismo energético donde la pobreza de sinapsis neuronales se verán reflejadas en ejércitos de cuerpos vacíos de carácter y llenos de una absurda obediencia al miedo. La quietud cobra valor, al lado del movimiento: Yoga.

Por esto, viajar fuera se equilibra con viajar dentro, descender los párpados a voluntad y percibir lo que sucede en la piel y en los tejidos profundos, viajar fuera es una fotografía, pero viajar dentro es una representación, donde imagen e interpretación coadyuvan en este proceso de desarrollo permanente y perpetuo, al final de cuentas, estamos de paso.

Viajar, a veces puede estar representado con algo tan simple como cambiar de barrio, de institución educativa, oficio u oficina, mudar es crecer siempre en la variedad multitudinaria de las posibilidades del vivir y el existir, la diferencia radica en la calidad y claridad que el movimiento signifique, me explico: Todo movimiento almacena implícito la posibilidad de desarrollo, y depende de la cualidad del mismo, un movimiento de cualidad física dará un resultado físico, pero si agrego una cualidad energética, mental e incluso transpersonal entonces nos adentramos en la riqueza integral del movimiento, del moverse, mudar y viajar.

Por esto es que viajar, es despertar y despertar es abrirse a la luz nueva de todos los días y todas las noches,  otra vez: Samadhi.

Pies y Libertad


Los pies fríos son un invento de la debilidad,  no es que la debilidad sea mala, ni el frío un glacial desafiante de nuestros calurosos objetivos. No.

Me refiero al frío que es contenido por las sandalias, abarcas o huaraches que reposan en la tierra salina, al que precede a una voluptuosa pantorrilla, t'usu, moroco o chamorro. Ese que quiebra la piel del dedo gordo cuando un viento sibilante saluda la superficie de nuestro cuerpo que dialoga con la tierra.

Y es que esa debilidad es parte de la fuerza invisible que reposa en la sequedad de los pies que enfrían.

Tal vez, ahí radique mi resistencia a abrigar esa extremidad, a reemplazar un andar cálido y cómodo por uno mas frio y duradero, por que es mucho lo que ando e interminable el terreno que pretendo pisar.

Y así, mis pies se merecen el por siempre, que muchas veces es naturalmente frío o suficientemente tórrido para recordar mi fortaleza.

¿el calor? Si, a veces hay calor, arena, tierra, piedras y humedad, hay materia orgánica y sensible que solamente se transmite a pies libres como los míos, que son fríos a veces o húmedos, pero sabios siempre, por que se trata de lavar los pies con frecuencia, esto para medir la suciedad del agua después de limpiar el jabón de los espacios interdactileos, mientras mayor la sustancia oscura en la espuma, va a significar mayores logros con la tierra y este andar del que estoy hablando.

¿Por que la Iluminación requiere los pies libres?
Simple, es necesario caminar por encima de la vida y de la muerte, y con los pies debidamente abrigados y enjaulados este es un imposible.

Hace eones que fuimos unos pies proporcionalmente grandes en relación a nuestra estructura hasta nuestros actuales  pies  notablemente reducidos gracias a un principio de levedad y mejora sensorial constante.  Y es que la evolución de nuestra especie es la revolución sensorial de nuestros pies.

Como humanidad hemos andado, hemos muerto, nos pusimos de pie y volvimos a andar para otra vez desfallecer y nuevamente caminar, correr, tropezar, morir, arrastrase, gatear, derrapar, claudicar y caminar dando vueltas la tierra muchas veces, repitiendo paisajes, dolores y alegrías una y otra vez.  Esto se llama Samsara, la perpetua rueda del sufrir con alegría o al revés que es lo mismo.

Por esto la Iluminación, detenerse a mirar el mundo con los pies sucios y la frente despejada. Caminar sabiendo exactamente lo que se pisa, por encima de unas sandalias de cuero que nos recuerda la muerte que todos los días la superamos y afirmando esta seguridad que estamos encima de la muerte, y entender que correr es inútil por que volveremos a los mismos hermosos paisajes y repetiremos basurales aparentemente interminables. Seremos unidades solitarias que rebotan entre la dicha y la lúgubre depresión.

Por que en el fondo no hay tristeza ni alegría, en el fondo es la perfección, es un tic tac de ritmos que no son buenos ni malos, que construyen y destruyen. Un ritmo en el que bailamos sin darnos cuenta y nos levantamos y volvemos a morir y volvemos a bailar.

Por esto y para esto, el andar es fundamental, que el viento y la superficie sensible de los dedos coincidan, que los dedos puedan extender y flexionar a capricho y todo el aparato sensorio- perceptivo de los pies sean la vasija en la que la suprema experiencia humana sea posible.

La libertad comienza por los pies y sin libertad la Iluminación no es posible.