Al dividirse con los dientes, hay una consistencia firme, triturarlo es desprender el misterio inherente de los andes, es como convertirse en tierra, escarbar el suelo y hundir el cuerpo entero en terreno removido, fértil y agreste, su sutil hedor lo hace delicioso, como el hedor del almizcle que fija las fragancias, ese hedor leve del chuño y la tunta (chuño blanco o moraya) hace que la comida tenga fuerza, alma y nos dé una lección magistral de aquello que tiene que ver con el sentido mismo de la existencia, cada bocado es un bocado de voluntad, organización y constancia, que comienza por lo general arriba de los 3000 msnm a bajas temperaturas que pueden estar igual o un poco debajo de los cero grados centígrados, y así comienza, con la selección de las papas amargas o pequeñas, una selección que solamente puede hacerse manualmente, varios sacos de papa (patatas) en los que se separan las papas que serán extendidas en una explanada o patio para que la helada (el gélido de la noche y la mañana) congele los tubérculos por unos días.
Al morder el chuño recibo otra lección importante que comienza al amanecer alrededor de las 05:00am, cuando los dedos se entumecen y los pies arden de frío cuando esa papa helada es dada la vuelta, otra vez, por aquel productor que sostiene un arte de probablemente hace unos siglos atrás y es el arte de lograr la perpetuación de la especie con vehemencia. Estas papas heladas hay que pelar y se lo hace pisando, con pies descalzos, a veces hasta bailando al ritmo del charango en sumaraj pampita. Luego de pisarlas y pelarlas, posterior a los pies helados, se colocan las papas heladas y pisadas (peladas) en unos sacos y esta pesada y húmeda carga es trasladada al río o laguna de agua dulce y fría, para que se lave antes de ponerse el sol y adquiera su color blanco en el caso de la tunta, chuño blanco o moraya. En cambio, las papas heladas, pisadas, soleadas, pisadas otra vez, y soleadas nuevamente es el chuño, el chuño es resultado del Sol, hijo del sol, la tunta es de la Luna, el chuño es entre marrón y negro y la tunta es blanca o blanquecina.
Es así que la tunta es de sabor algo más fuerte, y de mayor valor, porque es de la luna y la fuerza de la mujer que pisa la papa helada, y manda a su esposo o hijos a que lleven la pesada carga al río. Se dice incluso, que es más nutritiva, el chuño es del sol y más abundante.
Por esto mascar y triturar el chuño no es un acto gourmet simplemente, deja de convertirse en una experiencia de sabores que animará nuestros sentidos, el chuño va más allá, el chuño es leer un libro con las papilas gustativas y las células de la mucosa nasal, es exhalar la fuerza de la exhalación de quien arrancó el arbusto de la papa, removiendo con una picota alrededor primero y con una flexión de rodillas, cerrando esfínteres y contrayendo el abdomen, con ambas manos y en un solo movimiento y en una sola exhalación, a veces de niño miraba personajes encorvados en las ferias y mercados y me imaginaba que eran unos excelentes arranca arbustos de la papa, de esos que lograban que la planta salga con toda su raíz y todos sus tubérculos.
Por esto, el chuño, no es solo papa liofilizada o deshidratada, es un libro que se lee a cada bocado y me va diciendo que ese bocado es el mismo de hace unos siglos atrás, que sobrevivió a la colonia y al igual que su sabor profundo e inexplicable que afina con la profundidad inherente en las montañas de campos de silentes y sibilantes. Si bien, en la colonia ha sido postergado al ser considerado un acompañante del plato principal, aún está y persiste oscuro las más de las veces, despertando la inquietud en quienes no lo conocen y ese sabor tan difícil de describir que nos obliga a pensar. Si nunca lo probaste, cuando lo hagas muérdelo con curiosidad científica o inquietud espiritual, procurando decodificar el mensaje que esconde al triturarlo y ensalivarlo. Su sequedad y pacífica característica es que el chuño es constante por que puede conservarse muchos años y al hervor se ablanda, se hace manso, no combina bien con cualquier ingrediente, hay sólo un espectro de alimentos que son compatibles, siempre debe ir acompañado de un sabor estimulante como el salado y el picante. Es de lenta absorción, eso significa que una vez triturado y deglutido, pueden pasar varias horas sin bocado y sin hambre. Por esto, a veces que extraño la pampita (el campo), mascar el chuño puede dar un alivio emocional, es como un viejo y alegre amauta (sabio) de los andes que me mira y me sonríe, interpreto su rostro pétreo y sus ojos escondidos cada vez de una manera diferente.
Y cuando es la tunta, es la awicha (vieja), a veces dura y a veces cariñosa, pero segura siempre, absoluta siempre, con la sabiduría evidente, aprender del chuño es aprender de la tierra y de quienes a profundidad la conocen. Mascarlo es un acto amable y compatible con este constante diálogo que tenemos los seres humanos con la tierra y la naturaleza, un diálogo que almacena ciertos códigos, que esta vez los voy comprendiendo con el chuño.

Por esto, el
chuño es una papa vieja, ha pasado por frío, sol, heladas, ha sido pisada,
pelada, estrujada y, una vez seca y almacenada, podrá esperar meses o años
hasta ser finalmente hervida antes de llegar a ser bocado. También ha sido
sudor, esfuerzo humano, música, pies fríos, manos aceleradas, ojos expertos y
quietud. Lo vuelvo a probar y los viejos me hablan de nuevo, hay un
sabio en cada viejo y un viejo en todos nosotros, hay una diosa en cada vieja,
y una vieja que nos habla siempre, porque hay cierta esencia, un meollo en cada
cosa y proceso, un sentido profundo en el arte y mensajes de honda sabiduría
escondidos en pedazos oscuros y blancos en el plato.
Hablan y dicen:
Te voy a
contar una historia, la historia de mis abuelos, de los abuelos de mis abuelos
y sus abuelos, esa historia que la estás saboreando ahora, que mientras mascas
y respiras es develada por instantes y así rápidamente desparecer, la historia
de las cosas escondidas de amuki (el silencio de afuera) y amuti (el silenciode adentro), es una historia plagada de hermetismos y contadas a mitades, como
las mitades que vas engullendo. Que pese a las destrucciones y la incomprensión
de lo que somos y fuimos, ha logrado mantener su esencia, es una historia tuya
también, que te la puedo contar si la curiosidad te obsequia dicha, que podrás leer dolor, sufrimiento y esclavitud, pero ¿Y si es al revés?, ¿la historia de las cosas bien hechas?, ¿la historia donde el esfuerzo es la alegría y que pocos lo ven?, a lo mejor es la felicidad que juega con la dureza de las piedras, a lo mejor hay algo de eso y por eso hay música mas un charango que acompaña, una quena que adoctrina con cariño y una zampoña que nos engrandece. Si, hay un poco de todo y te lo iré contando mientras aceptas el
sabor de las cosas que son de verdad, como este tu último bocado.

9 comentarios:
magnifico. felicidades Gabriel.!!!
Gabo,gracias por hacerme partícipe de tu texto.
La mirada que puedo soslayar es el cambio físico de algo tangible, sensible, sútil, etéreo que se transforma y adquiere la belleza de todo lo regalado en esta magnífica explanada poliforme tierra.
Tu expresión me encantó porque percibes de manera sublime el cimiento de la perpetuidad. De la raíz se engendra la vida,la sabiduría, la diversidad, la añoranza, la tribu, la comunidad.
Esta finura de expresión amalgama la vida y la sustenta, como dices hay hay mensajes de sabiduria que se expresan en un sabroso plato.
Cuanto trabajo en gélidos días con, nevazones siderales, y despues del crepúsculo nace el sol blanqueando la cosecha. Cuanto trabajo, experiencia y amor ha sido necesario para producir por siglos el chuño y la tunta.
Gracias por hacer un paréntesis y detenerte a mirar y observar, más allá de lo que todos vemos.
Gabo gracias
Pilar
Maravila! Casi casi saboreo lo intangible que describes. ..esa es la maravilla del arte de escribir con cuidado y desde dentro! Gracias!
Muchas Gracias!
Asi es, gracias por tu devolución que está también bellamente redactada, un abrazo y seguimos en este andar de las profundidades.
Mi querido Gabo hermosa sabiduría de la madre tierra u u l hombre que se hace cómplice de esta dulce entrega
Un abrazo amigo, gracias gracias gracias
Gabito!
Wow me encantó!
Estando lejos de Bolivia, me pude transportar hasta allá e imaginar esa experiencia «religiosa» que se vive cuando llevamos chuño a nuestro paladar.
Gracias por ese viaje .
Gabriel: al leer el texto escrito por ti, me hizo recordar todos mis viajes a Perú y a Bolivia, en ese caminar y recorrido entre montañas y paisajes extraordinarios, esas ideas al mercado a comprar las papas, pero cuántas pasas y cuántos nombres en quechua! Y la papá blanca, cada papá para una receta diferente! Todo una cultura de la papá! Gracias porque lo mejor de nosotros esta en nuestras raíces, creo que tenía que esperar a estás estas fechas para hacer una reflexión de todo lo que otros nos quieren decir, con sus palabras!
Es mío Rocío Linage.
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